Dungeons Essentials en Valencia

Sueños de libertad (parte 1)

Talnoth se abalanza sobre el cadáver de su compañero de batallas. Registra su cuerpo y descubre un pergamino firmado por un tal “Barón Stockholm”, así como un amuleto dorado. La información del pergamino está codificada, aunque Luthien y Erik consiguen descubrir que el texto indica que el barón está pidiendo auxilio. Durban les dice que el Barón Stockholm es el gobernante de Harkenwold, la provincia de donde él procede. Dicha zona consiste en varias ciudades pequeñas y múltiples granjas independientes, como en la que él vivía antes de partir a la aventura.
En el baúl del fondo de la habitación hay unas cuantas cosas de valor: una poción curativa y un bastón. Luthien percibe que es el bastón mágico, probablemente el bastón usado previamente por Malareth (aunque lo dejó apartado una vez consiguió la calavera).
Mientras, Erik y Baldwin registran las estanterías y ven varios libros interesantes, pero para los que necesitarán algún tiempo para llegar a comprenderlos (además de una buena luz). Además Erik encuentra una bolsita con joyas escondida en la estantería e intenta cogerla sin que sus compañeros se enteren, pero todos están bastante “mosqueados” y no dejan de vigilar, así que al final tiene que repartirlas con el grupo.

Tras discusiones sobre si dejarle la calavera al dragón, dársela a Traevus, esconderla o destruirla, y de cómo repartir el tesoro, etc., alguien tiene que llevar la calavera, y se decide que sea Baldwin quien lo haga (Erik se ofrece voluntario, pero nadie confía en él y en qué podría hacer con la calavera).
Antes de dársela, Luthien decide hacer una prueba y usa sus poderes a través de la calavera. Los efectos de su magia son mucho mayores (un simple misil mágico hace que una mesa explote), pero al mismo tiempo los no-muertos de la habitación comienzan a recomponerse y a sufrir estertores.
Por suerte Erik encuentra una escalera oculta (en el muro al que Malareth estaba intentado llegar cuando vio que iba a caer) y todos suben a la superficie.

Ya en la superficie, el grupo vuelve junto a Traevus. El enano está impaciente por saber si han conseguido recuperar su caja, pero le dicen que un dragón se ha quedado con la calavera. Traevus parece muy irritado y duda de las palabras del grupo. Luthien intenta venderle las piedras, pero Traevus le ofrece un precio bastante bajo. Luego lo intenta con el dueño de la posada, pero el resultado es similar: si quieren venderlas necesitarán ir a una ciudad importante, donde hay gente capaz de pagar altas sumas por esos caprichos.
De malos modos Traevus les dice que se va a ir ya con su caravana. El grupo sube con él pero decide separarse de él en cuanto pasen por Harkenwold.

Dos días después, en la zona norte de Harkenwold, una columna de humo aparece en el horizonte. El grupo se baja para investigar, y Traevus les dice que les esperará hasta el día siguiente por la noche en la ciudad de Albridge (la ciudad que cruza el río blanco) y no más.
El grupo llega a una pequeña granja donde pueden ver a un grupo de tres soldados que llevan una capa con el símbolo de un círculo gris. Estos soldados gritan a la dueña de la granja que pague sus impuestos al círculo de hierro y ella, desde dentro de la casa, les dice que ellos son unos ladrones y asesinos, que lo que piden no son impuestos. Los soldados han quemado un pequeño cobertizo y amenazan con quemar la casa con la mujer dentro, mientras ella sigue gritando pidiendo ayuda.
Durban está blanco como el papel, pero el resto se apresura a detener a los soldados (aunque sus intenciones no sean las más nobles). Al principio el grupo se mantiene alejado, pronto entran en la granja y utilizan sus nuevos poderes para acabar con los enemigos. Los soldados no son muy habilidosos (probablemente no esperaban que hubiese ninguna resistencia) y sus lobos entrenados son viejos conocidos para el grupo, y son capaces de frustrar sus estrategias sin problemas.

Una vez acabada la batalla, la mujer sale de la casa y comienza a agradecer a los extranjeros la ayuda que ha recibido al acabar con los matones del círculo de hierro. De repente, se queda callada y se pone a correr hacia el grupo, lanzándose hacia Durban. El grupo se queda extrañado cuando la mujer le da un beso de tornillo al pálido Durban y, a continuación, le suelta una bofetada que le deja toda la cara marcada.

CONTINUARÁ

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almabo

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